Tengo millones de ideas en mi cabeza. No es exagerado cuando puedo compararlo con el meme que dice que nuestra mente neurodivergente a veces es como un navegador con miles de pestañas abiertas; es exactamente así como me siento muchas veces, y sin la posibilidad de llamar a los comandos Ctrl + Alt + Supr.
Lo que más me frustra de todo eso es que hay días en los que tengo una de esas ideas y puedo verla claramente en el momento, pero no tengo tiempo de sentarme a escribir todo eso. Tampoco tengo tiempo ni siquiera de enviarme a mí misma una nota de voz contándome los detalles y, al día siguiente, tal cual como una computadora, me despierto con la mente en modo reinicio y todas esas ideas que me parecían fantásticas se fueron al garete.
Quiero escribir. Escribir libros, historias, novelas, cosas de la vida real, cosas que reflexiono, que pienso, que me cuestiono. Quiero publicar algunas de esas cosas y otras no, pero cuando finalmente tengo tiempo de sentarme a ver qué forma va a tener, la inspiración ha abandonado el chat y es realmente desesperante. ¿Por qué me tengo que inspirar en medio de una ducha? ¡No tengo dónde escribir! ¿O en plena autopista? ¿Quieres que me mate? ¿Por qué cuando llego a casa ya no recuerdo la mitad de esas ideas?
Y luego, sumado a todo aquello, está el famoso síndrome del impostor. Tengo muchas ideas; algunas, en el momento, me parecen increíbles, pero luego, cuando pienso en que otros las lean, las vean, las invadan, empiezo a dudar hasta que finalmente me parece “más de lo mismo” o “¿en qué estabas pensando?”. Yo misma empiezo a imaginar lo que dirán o pensarán quienes me lean, porque aún no siento que tenga “lectores ideales”. Los únicos que le dan likes a mis publicaciones son mis amigos o familia cercana y, si planeo algún día vivir de esto, eso no es nada suficiente.
Y todo esto me lleva a la pregunta de este capítulo: ¿estamos alguna vez listos? Listos para soltar, listos para la crítica, listos para exponer una parte de nosotros, aunque sea ficticia. Sé, estoy segura, de que mucha gente se decepciona de mí por escribir más ficción que otra cosa, pero yo lo amo, y lo amo porque la ficción me ha regalado momentos de desconexión que mi cerebro agradece profundamente. Aunque, bueno, después queda la resaca post lectura, pero eso es otra historia.
La pregunta sigue en pie: ¿estaré alguna vez lista? ¿Seré tan valiente como para no dejarme afectar por la crítica? La verdad es que no lo sé y reconozco que me da miedo, porque la gente a lo largo de mi vida ha sido muy cruel, incluso gente de mi familia. Y sí, eso debería más bien tenerme preparada, pero la realidad es que no es así; que mi “sensibilidad” siempre termina ganando y, por más que lo intento, me afecta demasiado lo que los demás dicen y piensan de mí.
No sé si alguna vez estaré lista para eso, pero lo que sí sé es que quiero ver mis libros convertidos en una realidad. Quiero tocarlos, olerlos, hojearlos. Quiero regalar ejemplares a gente querida y dedicárselos en la primera página. Quiero que otras personas como yo se sumerjan en mis historias y puedan dejar de lado cosas que las perturban o las aquejan y alcancen ese poquito de fantasía sin el que la vida, muchos días, sería sinceramente insoportable.
Quiero ser una escritora que tenga tiempo para escribir cuando la inspiración llega y no cuando le da tiempo y la inspiración ya se ha ido, probablemente producto de la rutina y el cansancio. Quiero viajar para llenar mi mente de lugares, rostros, paisajes, sonidos, olores y experiencias que enriquezcan mi escritura.
La verdad es que no sé si algún día estaré lista para ser una escritora reconocida; esa posibilidad me aterra. Pero sí estoy lista para dedicarle a mi escritura más tiempo y disfrutar de ella lo más posible.
No sé si alguna vez seré una referencia para nadie, pero al menos dejaré una parte de mí en cada página, y espero que algún día mi hija, si no estoy, pueda encontrarme en cada una de ellas: en cada historia, en cada sueño y en cada vivencia que deje plasmada en el papel.
En este momento de mi vida, estoy lista para ver llegar mi libro impreso y llorar lágrimas de emoción y alegría, porque es mi sueño, mi hijo, mi bebé y una parte sumamente importante de mi vida.


Lo más hermoso de todo es que estás luchando por ver un sueño hecho realidad. Que nada te detenga!
ResponderEliminarsiiii gracias!!!!!
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