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Hola soy Ela, escribir es mi pasión, Dios y mi familia mi motivo para luchar por mis sueños, soy aprendiz de todo y experta en nada.

viernes, 3 de julio de 2026

En Venezuela tembló

En Venezuela tembló. Nunca pensé que llegaría a leer esas palabras, porque lo primero que hice fue leerlas; yo, que me jactaba de decir que en mi país no tiembla, recibí la noticia de que no solo fue uno, sino dos de los peores temblores de la historia.

Si a eso le sumamos un país en crisis, con cero preparación para este tipo de eventos y sin los recursos para afrontar una tragedia de esta magnitud, el panorama no es alentador.

Lo primero que hice fue escanear a mis amigos y conocidos. ¿Quiénes viven en Caracas? ¿Están bien? Yo recibí respuestas rápidas; muchos no cuentan, aún, siete días después, con esas tan anheladas respuestas.

Y es que no es una zona, son tantos edificios en el suelo, tanta gente atrapada, que aun la ayuda internacional se hace insuficiente, aunque, por supuesto, se agradece profundamente.

Y en medio de todo este caos, sale a relucir la fuerza, la resiliencia, la solidaridad del venezolano: ese que con sus propias manos está quitando bloque a bloque hasta encontrar a sus seres queridos; ese que está haciendo arepas para darle de comer a los voluntarios; ese que está en los centros de acopio recolectando lo necesario para ayudar; ese que comparte información importante sobre desaparecidos o sobre espacios donde desde fuera se puede donar y ayudar.

También están esas historias que quisiéramos que fueran una mentira; la gente malvada y aprovechada, incluso "servidores públicos" que, en vez de ayudar, aprovechan para saquear lo poco que queda.

Hace rato que dejé de preguntarme por qué; de tanto, solo Dios sabe, solo Él tiene las respuestas. Solo me queda pedirle que tenga misericordia de un pueblo que, a pesar de todas estas vicisitudes, no se rinde. Lo veo en los milagros de los que aún soy testigo, lo veo en la bondad de los que siguen mostrando la cara que el mundo debería conocer de nuestro país, lo veo en la esperanza de los niños inocentes, que nos recuerdan que el futuro no se ha caído.

Hoy nos toca llorar sobre las ruinas, pero mañana, con esas mismas manos que hoy levantan bloques y amasan solidaridad, nos va a tocar reconstruir. Venezuela ha demostrado que sus cimientos más fuertes no son de concreto, sino de la calidad de su gente. Y mientras quede un venezolano de pie dispuesto a ayudar a otro, el país seguirá teniendo motivos para volver a levantarse. Desde la distancia, mi solidaridad y mi corazón están con cada una de las víctimas de esta pesadilla.

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